

OLGA DUQUE ELENA (1979, Mérida)
«El arte que vemos es una pregunta; el que hacemos es una respuesta.»
Siempre he sido artista, aunque haya tardado años en darme el permiso de llamarme así en voz alta. De pequeña diseñaba la ropa de mis muñecas, transformaba la mía, probaba peinados raros y bailaba; cualquier cosa la llevaba a mi terreno: la creatividad. Aunque mi camino me llevó por sendas que aún no alcanzo a entender, estudié Historia del Arte en lugar de Bellas Artes, hoy por fin abrazo lo que soy.
Para mí el arte no es algo frío que se pone en un pedestal solo para mirarse sin tocar. Es una herramienta viva para hacernos preguntas, entender quiénes somos y aprender a pensar con libertad.
1. Mi Obra Artística | Sanación,desarrollo personal y camino interior
Hacer arte es mi forma de sanar, conocerme y crecer por dentro. Entiendo la creación como un espacio de libertad y autonomía conceptual donde traducir los procesos internos y dialogar con la materia de forma sincera. Busco lanzar preguntas al aire a través de mis piezas. Me gusta que cada persona que mire una obra encuentre en ella sus propias respuestas, conectando con lo que la pieza le cuenta sobre sí misma.
2. Investigación con Biomateriales | Aprender de la naturaleza con amor y respeto
Siento que pertenezco mucho más al mundo natural que a esta sociedad con tantas prisas. Me pierdo y me fascino con los colores de un atardecer, las vetas de la madera, el musgo mullido o los líquenes en las rocas.
Por eso, desde 2023 trabajo con materia viva: cultivo micelio, fermento celulosa bacteriana, cocino bioplásticos, creo biocueros y biocerámicas. Para mí, los hongos, las bacterias o las algas no son simples ingredientes, sino compañeros de trabajo con sus propios tiempos. Trabajar con ellos me ha enseñado a tener paciencia y a aceptar que hay una parte del resultado que no me pertenece. Es mi manera de crear con coherencia: uniendo mi amor por la naturaleza con el compromiso de no dejar una huella dañina en el planeta.
3. Mediación Cultural | Un arte cercano para pensar de manera libre
Aún recuerdo la emoción de mi primer taller sobre Charlotte Posenenske, cargada con cajas reutilizadas recreando sus piezas modulares para crear composiciones. Ese día entendí que sería feliz diseñando experiencias donde el arte sirviera para pensar y no solo para mirar.
A través del juego, las pedagogías activas y la reutilización de materiales, abro espacios cercanos y amables en museos, escuelas o en la naturaleza. No me interesa dar respuestas sino hacer preguntas; prefiero acompañar a la gente para que despierte su pensamiento crítico, se reconozca valiosa y descubra que el arte es una caja de herramientas maravillosa para transformar nuestra manera de habitar el mundo.
